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Columna por Enrique Soto Guerrero

La caída del muro de Berlín, que trajo consigo el derrumbamiento de los socialismos reales construidos sobre sueños colectivos y que impulsó la extensión de EE.UU. como hegemonía mundial, en un contexto revolucionario iniciado por el capitalismo desde la década de los 70 que hizo deambular a pueblos enteros, desde sociedades industriales a otras más ligadas a las tecnologías y servicios, entre otros hechos y fenómenos ocurridos en los últimos 50 años, vinieron a complicar aún más a la izquierda, sus proyectos emancipatorios y revolucionarios y, que en muchos países, significó no solo la marginación de esta del escenario político, sino también un cúmulo de estigmas a todo discurso que se sitúe desde la vereda del progreso y la justicia social.

Chile no fue la excepción. Durante los 20 años en que la Concertación gobernó al país, la presencia de una verdadera izquierda en los poderes del Estado y las instituciones de este, fue prácticamente inexistente. La marginación del Partido Comunista en los primeros años de la vuelta a la democracia fue respaldada, por activismo u omisión, por la gran mayoría de los partidos oficialistas.

Discursos que proponían la lucha de clases, la emancipación de nuestro país de las garras del imperio estadounidense, la posibilidad de superar el modelo extractivista que nos impone el capitalismo y reemplazarlo por uno que ponga en el centro la paz, la justicia social, la redistribución de la riqueza, el cuidado al
medio ambiente y la dignidad de las personas, enmarcados en la sana convivencia entre todos y todas, fue lentamente reemplazado por uno mucho más acomodaticio al sistema neoliberal impuesto por la dictadura.

Ya no se hablaba de superar al neoliberalismo, ya no se enjuiciaba los principios que lo inspiraban, y que a donde este presente logra asfixiar a pueblos enteros, sino que ahora se proponian cambios más cosméticos, donde
el rol del Estado quedaba reducido a prestar subsidiariamente ayuda a los sectores más pobres y una ayuda activa y comprometida con el sector privado cada vez que este mostraba signos de agotamiento o crisis.

El discurso de la democratización de Chile, el boom económico de los primeros años de la administración concertacionista, la internacionalización de nuestro país en el mundo, gracias a los mil y un acuerdos económicos con un selecto grupo de países, y los patrones de conductas asociados a la pujante revolución tecnológica vivida en la época, impidió que existieran fuerzas políticas, que se autodenominen de izquierda, presentes en la administración pública agitar las banderas del cambio social, político, cultural y económico que décadas atrás había movilizado a millones de personas.

2011-2012: la posibilidad es real

Después de años de acumulación de fuerzas y el aumento de la contradicción principal: democracia versus neoliberalismo, Chile despertó, se cansó de 21 años de una forma de hacer política que a la inmensa mayoría jamás beneficiaba. Un pueblo entero salió a las calles, el movimiento obrero paralizó en grandes jornadas de protesta por la precarización laboral, Aysén comenzaba a revelarse en contra del centralismo casi autoritario de este país, lo mismo se vivía en Freirina que alzaba la voz por pertenecer a la larga lista de comunas que sirven como zonas de sacrificio. Los estudiantes se tomaban los colegios, liceos y Universidades exigiendo educación gratuita, sin becas y
créditos bancarios, la pedían pública y de calidad.

Chile atraviesa el año más movilizado desde el retorno a la democracia. Había un cansancio generalizado con las instituciones públicas, una desafección hacia la política y los políticos que llevó a la actividad política a niveles nunca antes vistos, con aprobación de la ciudadanía que apenas lograba sobrepasar del 10%, en la cual la desconfianza atravesaba incluso al Poder Judicial, Carabineros, Ejército, Iglesia Católica, y con una participación electoral que en las últimas elecciones presidenciales solo llegó al 46,7%, representando a 6.700.000 personas, muy por debajo de los más de 14 millones de chileno/as habilitados para votar.

Los casos de corrupción transversal en la política, en los cuales no había separación entre la actividad económica de privados y la forma en cómo diputados y senadores legislaban o el lobby de grandes empresarios hacia ministros, jueces, fiscales, personal de las FF.AA y de orden, vinieron solo a ser la guinda de la torta en un escenario de deplorable apreciación hacia la política en general.

La legislación dejada por la dictadura en torno a la elección de diputados y senadores, no representaba ni permitía un amplio debate con sentido de igualdad que sumara a voces críticas y disonantes con el modelo actual y que imposibilitaba hacer un viraje en el quehacer político para recobrar la confianza no solo de los desilucionados, sino de los que, desde el retorno a la democracia, nunca se habían sentido convocados por los proyectos políticos
ofrecidos.

Hoy, y gracias al fin del Sistema Binominal, en nuestro congreso están representadas nuevas expresiones de las izquierdas o del mundo progresista, gracias al reordenamiento de voces representativas de ciertos sectores de la sociedad al interior del Congreso Nacional: la Derecha, representada en Chile Vamos, posee un 46% en la Cámara Baja, mientras que en el senado alcanza un 44%; el Frente Amplio logra obtener un 13% en diputados y solo 2,3% en la Cámara Alta; por último la ex Nueva Mayoría, sumando los partidos que la conformaron, alcanzan en la Cámara de Diputados un 40% y en el senado se alzan con un 51%.

Como se puede apreciar, si bien es cierto que las fuerzas progresistas y de izquierda juntas suman más que la derecha, la capitalización política y el miedo a la hipotecación de lo ganado impiden poder levantar un proyecto que sea capaz no solo de cuestionar al neoliberalismo y la democracia de las cúpulas, sino que logre proponer un nuevo modelo de desarrollo nacional que vaya a solucionar los problemas estructurales que afectan al pueblo.

Las nuevas fuerzas políticas no han logrado frenar el alejamiento ciudadano de la política o proponer un proyecto convocante y que logre movilizar masas enteras movidas por causas y demandas justas. Es hora de que entiendan que no existe, hoy por hoy, ninguna fuerza política que por sí sola pueda hacerle frente a la derecha, el avance del fascismo en Europa y América y los aires golpistas e injerencistas del imperio. O todas logran unirse poniendo sobre la mesa las similitudes, que sin duda existen y seguirán existiendo, o la pelota y los tiempos son manejados por los mismos de siempre.

Capitalización política o superar el Neoliberalismo:

Pero para levantar un proyecto popular, que logre ser convocante, y que apunte a reemplazar al sistema neoliberal, lo primero es rechazar el neoliberalismo, caracterizarlo y arrinconarlo, vinculando este con los males e injusticias que históricamente a atravesado nuestro pueblo. Debemos entender que es incompatible con el juego democrático, el Estado de Derecho, la igualdad ante la ley, e incluso con la forma en que cada ser humano elige vivir su vida.

No puede haber ningún proyecto emancipatorio si este no condena y rechaza el neoliberalismo. Como también, el ubicarse desde la vereda antiimperialista y de profundo internacionalismo y solidaridad entre pueblos que libre y
democráticamente han decidido cómo llevar las riendas de sus destinos.

La izquierda requiere levantar proyectos colectivos que sean capaces de hablar de antiimperialismo, poder popular, revolución social, movilización de masas, que pueda y deba condenar el modus operandi del imperio norteaméricano en su “patio trasero”, su forma de injerencias que lo ha caracterizado en estos últimos años, como lo es la judicialización de la política vivida en Brasil, Argentina y Ecuador, que rechace la violación de todos los DD.HH. y no solo de aquellos que no incomoda al modelo hegemónico.

El mundo izquierdista debe entender que, si bien Chile cambió y el sujeto popular de hoy es completamente diferente al de hace 50 o 40 años atrás, las injusticias siguen estando presentes, como también la forma de los Estados Unidos de entrometerse con todo aquel pueblo que no quiera estar dentro del juego que ellos han impuesto a todo el mundo: el modelo neoliberal y la democracia liberal.

¿Qué pasará el día en que en Chile pueda levantarse un proyecto popular, antiimperialista, feminista y progresista que golpee los pilares basales del modelo neoliberal como ya lo hizo Cuba, Vietnam, Venezuela o como lo pretendió ser como Chile en los 70 y EE.UU. ejerza presión para derrocar todo lo realizado por, para y desde el pueblo, solo por ir en contra de sus intereses económicos?. Si hoy existe una parte importante de la izquierda que rechaza a Nicolás Maduro por la crisis que enfrenta Venezuela y se suma a las voces que piden su salida, desconociendo todo el rol que ha jugado EE.UU. desde que en 1998 Chavéz llegara al poder con amplio apoyo popular, nos estaremos aliando
con la derecha, el golpismo, siendo cómplices del derramamiento de sangre, pero lo peor es que estaríamos obviando que también contribuiríamos a la caricaturización hecha por el imperio y sus gobiernos títeres de lo que se
entiende por proyectos progresistas, socialistas y emancipadores.

Hoy es Venezuela, como ayer fue Chile. No es necesario situarnos en Medio Oriente para traer a colación la violenta y sanguinaria forma que tiene el imperio de imponer sus intereses. Y para esto existe todo un guión que sirve de pretexto para cuestionar, denunciar, intervenir, y asesinar a quien se anteponga y cuestione el modelo.¿Dónde está el armamento nuclear de Irak que luego terminó con la caída de Saddam Husein y la imposición de un extremismo religioso?, ¿Dónde están las pruebas de supuestos ataques de Vietnam a naves estadounidenses en los años 60, que terminó con 300.000 muertos?, ¿Quiénes eran los bebes que supuestamente soldados de Irak asesinaron en 1990 y que posibilitó la Guerra del Golfo, que terminó con 3.600 civiles muertos por tropas norteamericanas?, ¿Por qué no se encontraron pruebas sobre las bombas químicas que supuestamente el Gobierno de Siria había ocupado en contra de su pueblo?.

EE.UU. ha demostrado ser un Estado excelente para crear escenarios donde ellos son los buenos, los salvavidas de los regímenes democráticos, los que prestan sus tropas para castigar a “dictadores” y llevar la paz. Hoy lo hacen en Venezuela, después de imponer impedimentos legales que prohíben a sus ciudadanos comercializar en Venezuela, que impide al Gobierno venezolano hacer uso de sus dineros en Bancos estadounidense, o por aún, que desarrolla
un lobby mundial para conseguir apoyo de la comunidad internacional, ahora, y después de más de cinco años de guerra económica, pretende llevar ayuda humanitaria que no representa ni el 1% de todo el bloqueo económico impuesto por ellos mismos.

¿Por qué, y después de todo lo sabido anteriormente, debemos creerle al imperio y caer en esta trama golpista que pretende azotar Venezuela?, ¿Cómo es posible que Jackson, Boric, Castillo, Orsini y Vidal, todos miembros del FA, traten de equiparar el rol histórico que jugaron dictadores como Pinochet en Chile, Videla en Argentina, Somoza en Nicaragüa, Batista en Cuba o Trujillo en R. Dominicana con el papel desarrollado por Nicolas Maduro?.

Podemos tener muchas criticas al proceso bolivariano, podemos o no estar de acuerdo con la figura de Maduro, de hecho la izquierda puede incluso condenar la crisis política, económica y social que pueda estar afectando a Venezuela, pero jamás se podrá tolerar que sectores que se autodenominan de izquierda respalden una ofensiva de tal gravedad histórica, como es la que actualmente Donald Trump y su séquito pretenden llevar a Venezuela.

Espero que si tienen la cara de llegar a condenar al Gobierno de Venezuela, sea por convicción política, revelando sus verdaderas intenciones en política –lo que sería mucho más comprensible- a que sea condenada exclusivamente
por capitalización política y miedo a hipotecar lo poco ganado al quedar mal con algún sector de la población.

En política no se puede quedar bien con todos y todas. O te arriesgas y te dejas llevar por tus verdaderas convicciones o estas condenado a ser un revolucionario “en la medida de lo posible” y ¿saben qué? , la medida de lo posible la definirá el modelo neoliberal.

En tiempos de ayudización de la contradicción principal: democracia versus neoliberalismo, o estas en la vereda de la libertad y plena autodeterminación de los pueblos o eres cómplice activo de otro golpe del imperio a la dignidad de las personas.

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