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  • Sibi non cavere et aliis consilium dare stultum esse

Difícil se ha vuelto la tarea de comunicar en los días complejos que enfrenta el mundo, complicado por la gran cantidad de información falsa, que abunda en redes sociales y por el rol de los profesionales – y los no tanto- de las comunicaciones.

Y es que a muchos parece que se olvidó, que el comunicador o periodista, no es la noticia en sí, sino el medio que transmite la información al público, noticias que son relevantes para que la sociedad pueda saber qué es lo que ocurre y pueda tomar sus propias decisiones, informadas.

Pero en el país y particularmente en la región de Aysén, el tufillo de la egolatría mediática, ese afán escaso de genialidad,  de inmediatez irreflexiva, esas ansias por entregar mensajes alarmantes y vacíos o simplemente la actitud vociferante, cuan León castrado que ruge con la necesidad de que los otros sepan que, a pesar de su inoperancia, sigue siendo el rey de la prensa escrita regional. Hacen que todo se vuelva tan nauseabundo. Que he llegado a  temer sucumbir antes a un autodeterminado ostracismo mediático que al propio coronavirus.

Hace años que deje los medios y pasé al bando enemigo, a la antítesis del periodista, asesor de comunicaciones le dicen algunos y por más de una década, los medios regionales se han servido de mi pluma publicando, sin mover una coma, todo lo que las autoridades Quieren Que Usted Sepa, ese es mi rol, facilitado por la flojera y mediocridad permanente de mis ¿Colegas? y ojo que lo mismo corre para los medios no escritos de la región de Aysén.

Si me decidí a escribir es porque, el asco me ha llegado a tal punto que no puedo sino vomitar de la única forma que sé, a través de las palabras y tal como consigna el epígrafe, no pretendo hacer, ni en lo más mínimo, un manual de qué hacer o no al momento de comunicar.

Una de los hechos que me ha causado un malestar estomacal agudo y ha sumado una úlcera a mi desgastado aparato digestivo es ver como un hombrecillo, de muy dócil actuar ante el poderoso señor dinero, se ha vuelto un iracundo crítico del desempeño de las autoridades actuales, por razones que nada dicen relación con el rol de informar, sino por el mero hecho de hablar por la herida ante la ausencia de un contrato que según él “merece” en Intendencia, por intentar recuperar su puesto jugando para ello el juego de un eterno parlamentario o simplemente porque es conveniente para los intereses de un siniestro personaje que nuevamente goza de fuero.

De la misma manera y cómo su eterna némesis aparece un ya no tan novel reportero, que cuan salmón ha sabido sortear los avatares de las ajetreadas aguas políticas y mediáticas, apoyando neciamente a sus amigos o queridos y destrozando a todo aquel que no le complace ni le rinde pleitesía como el mejor, más valiente, más agudo y sagaz de las imprentas locales, amenazando con usar en contra de cualquier “molino de viento” su punzante escritura en columnas que nadie lee, que nadie comenta y que en nada influyen.

No es molestia, sino ternura, la que me genera el medio familiar por excelencia, entre la candidez vetusta y terca del patriarca y la inocente candidez de sabiduría validada con cartón, como única experiencia, de la heredera.

¿Es necesario hablar de quienes se escudan en la religión? ¿De quienes se han alejado de los preceptos católicos por excelencia para seguir los mandatos de una agenda propia, vinculada y cercana al “pueblo” y constantemente en pugna con las autoridades de turno?

Viendo, escuchando y leyendo los medios regionales, escuchando los puntos de prensa, observando sus comentarios, sangrando por su ignorancia, vomitando por su falta de rigurosidad, con estertores por sus nulos conocimientos científicos y con fiebre por su ineptitud en temas científicos, me pregunto ¿Será tan cruel el coronavirus como la enfermedad que ellos me provocan?

Ya estoy viejo y enfermo por eso exijo, a las autoridades regionales, cuarentena total y cierre de fronteras para combatir este tipo de piriodismo.

 

Por, Honorindo Llanquín

Risco

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